Había estado recorriendo la comarca del Andévalo onubense, fijándome especialmente en todas esas explotaciones mineras abandonadas, de la llamada “faja pirítita ibérica” que se extiende hasta Portugal. En el país vecino encontramos minas como la de Santo Domingo o Aljustrel en las que al igual que en Río Tinto o Tharsis la tierra se tiñe del característico color del hierro oxidado con toda sus variedades tonales.

Esta faja pirítita ibérica, entronca con la comarca del Alentejo, la región entre el Algarbe y el río Tajo, hasta allí me había llevado el interés por recorrer todo ese paisaje minero, y una vez concluido el reportaje sobre las minas, surgió la idea de recorrer esta bella comarca portuguesa, hasta llegar a Lisboa.

Alentejo, “alen”, que bonita palabra tienen los portugueses para nuestro evocador “más allá”, Alentejo, para los habitantes del centro y norte de Portugal, la tierra que está más allá de río Tajo hasta llegar al Algarbe.

El Alentejo está lleno de pequeñas aldeas y una extensa red de caminos que las unen, lo que ofrece multitud de rutas para explorarlo en moto, he comenzado con una que sube por el este del río Guadiana, desde Mertola, pasa por el “Pulo do Lobo”, donde el río se estrecha desde una anchura de veinticinco metros a tan solo tres en el paraje llamado Salto

 

del Lobo. Allí se forma un torrente de más de quince metros de altura en una zona de rocas que le da cierta belleza salvaje al lugar.

Desde “Pulo do Lobo” se llega a Serpa siguiendo el río y de allí a Beja desde donde podemos regresar de nuevo a Mertola por la llanura alentejana, de suaves ondulaciones, salpicada de alcornoques, aldeas, y algún que otro cerro con municipios algo mayores coronados por castillos.

Partiendo de Serpa con final en Lisboa hay otra bonita ruta entre bosques de alcornoques, y los arenales de Aljustrel.

El Alentejo maritimo, una tercera ruta sentido norte sur por la que tenia especial interés, es la que se puede hacer lo más pegado posible a la costa, hay muchos kilómetros en esta costa que por ser escarpada están salvajes y que pasa por dos espacios catalogados como parques naturales, Parque Natural de la Sierra de Arrábida en Setúbal, y el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina.

Si ya las sensaciones propias de rodar en moto por el campo son especiales, mucho más intensas que las que proporciona cualquier otra forma de viajar, que decir de hacerlo con el campo a un lado y el océano a otro, donde en algunos tramos el olor propio

 

del matorral y la arboleda se mezclan con el olor y la bruma marina.

De Lisboa a Setúbal, la costa de Caparica no tiene mucho interés, por la proximidad con Lisboa, esta masificada, camping, urbanizaciones, esto hace que el track que había diseñado lo tenga que ir modificándolo sobre la marcha, imposible mantener la dirección del GPS sin apartarme de la costa, así que rodeo toda esta zona y me dirijo por el interior hasta Cabo Espichel, hay un Santuario y unas bonitas vistas del acantilado por cuyas paredes antes de que movimientos sísmicos las dejasen verticales merodeaban dinosaurios cuyas huellas han quedado petrificadas en la roca tal como las vemos hoy.

Sesimbra, a los pies de una montaña coronada por un castillo, hay un gran puerto pesquero desde donde supongo abastecen los mercados de Lisboa y en las inmediaciones del puerto bares con la parrilla humeando en la puerta, donde degustar el pescado fresco, me quede con la gana de probarlo, no era la hora del almuerzo.

Por la Sierra de Arrábida se llega a Setúbal, donde tomando un trasbordador (7 € pasajero y moto) cruzamos a la península de Tróia, y a partir de aquí, lo más pegado posible a la costa, hasta Cabo San Vicente, acantilados, playas, y pequeños pueblos de pescadores.

 
Como siempre el viaje empieza en internet, planifico una ruta que se inicia en Chamonix (Francia) y termina en Bolzano (Italia) unos 550 km que realizaría en coche con la moto en el carro, a lo largo de esta ruta marco cinco regiones para recorrer en moto, excursiones de 150 a 200 km por la zona del MontBlanc (Francia), Suiza centro, Suiza este, Tirol (Austria), Dolomitas (Italia). Finalmente a causa de la lluvia, la zona del Tirol quedó pendiente. Incluso en verano, las nubes quedan atrapadas entre las montañas y puede ocurrir que amanezca el día lloviendo, y llega la noche y no ha dejado de llover, esa lluvia fina y persistente con las nubes bajas en las laderas de las montañas que no dejan ver nada, como alguno de esos días cerrados y oscuros de invierno aquí.

Sobre el mapa todo son pequeñas carreteras de montaña que pasan de un valle a otro por los principales puertos (col, pass, passo). Quizás hace 50 o 100 años muchas de estas carreteras no estarían asfaltadas, y la zona era una comarca de difícil acceso y duras condiciones de vida, pero a lo largo del siglo XX los Alpes se han convertido en un destino turístico de primer orden a nivel mundial, se encuentran en el centro de la Europa rica, la afluencia en invierno a las estaciones de ski es
 
masiva, y en verano, ciclistas, moteros, te puedes cruzar con decenas en la subida a puertos como el Gran San Bernardo, o el “Passo dello Stelvio” con 45 “tornantes” seguidas (curvas de 180 grados), gente con autocaravanas, senderistas, inundan las carreteras y senderos. En consecuencia todo está regulado, todo esta señalizado (por cierto muy bien señalizado), y lo que no está señalizado está restringido.

Pero no es necesario apartarse de las rutas asfaltadas para sentirse sobrecojido por la grandiosidad de estas montañas, el paisaje alpino, un día despajado de verano es idílico para disfrutarlo en moto, temperaturas agradables, incluso frías en los puertos, aire limpio, nieves perpetuas en los glaciales que alimentan torrentes de agua precipitándose desde las cumbres (67 sobrepasan los 4.000 m) a los valles, bosques de coníferas y praderas de un verdor radiante a lo largo de todo el verano, aldeas con una arquitectura tradicional bien conservada, a pesar de la industria del turismo.
Un viaje que merece la pena estar en el acervo de los que nos gusta rodar en moto en contacto con la naturaleza, aunque en este caso, no con las sensaciones esas tan especiales de hacerlo por lugares remotos y aislados.
 

Algunos datos prácticos:

Desde Sevilla, ida y vuelta unos 4.500 km, 300 € de gasoil y unos 200 € de peajes.

Camping para una persona, un coche, y una moto, de 6 a 15 euros por noche.
Comer, el menú en un bar, entre 15 y 20 €.

Comprar en un supermercado, fruta, lácteos, embutidos, pan, queso (mucha variedad y muy bueno), agua, zumos o refrescos, me pareció que no hay diferencia en los precios con respecto a los supermercados de aquí.

El país más caro creo que es Suiza, menú Bigmac en un Macdonals, que aquí cuesta unos 6 € en suiza son 10 €.

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Cada vez que viajo a este país vengo lleno de sensaciones, de estampas en la memoria, de la geografía, la gente, y formas de vida que me traen recuerdos de infancia de la Andalucía de los años 60, me entusiasmaría hablando de todo ello, pero sólo voy a comentar uno de los momentos mas dulces de cada día del viaje: por la mañana, temprano, tras un buen desayuno a base de leche, delicioso pan de Marruecos con miel y un gran vaso de zumo natural de naranja (todo por 1,50 o 2 €), arrancar la moto, escuchar las primeras explosiones del motor, rodar los primeros kilómetros, con todo un día por delante para disfrutar de la sensación de viajar, conocer, descubrir,..... de esa forma que sólo los viajes en moto proporcionan.
 

 

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Es difícil hacer una crónica, encontrar las palabras para describir las sensaciones al viajar por estas montañas, remontar puertos, recorrer valles que a veces se van cerrando, hasta convertirse en estrechas gargantas, por donde con muchas dificultades consiguen mantener una pista abierta.

El asfalto, cuando no, pistas anchas de tierra compactada, está llegando a muchos lugares del Atlas, esto hace que otros trazados dejen de ser transitados por los locales, con lo cual se abandona su mantenimiento y basta un invierno o dos, para que muchos tramos de pista queden literalmente borrados por el agua, al recuperar los ríos su cauce natural, o por desprendimientos en las laderas de las gargantas, los caminos quedan sepultados bajo montones de graba o piedras, sobre las que es muy difícil pasar incluso con motos ligeras, por no hablar ya de los 4x4 para los que resulta totalmente imposible. Suelen ser pistas que discurren por los lugares más remotos, las gargantas mas estrechas y de más belleza paisajística.

 

Así ocurre con las gargantas del río Melloul, entre el valle de Anergui y “la Cathedrale”, donde coincidí con un grupo de tres franceses, no me hubiese metido allí solo, un trayecto de unos 40 km que tardamos 6 horas en atravesar. A la entrada por el valle de Anergui unos 200 m están ocupados por el río en toda la anchura de la garganta, el agua llega más o menos por la rodilla, y el lecho es compacto, por lo que aparentemente no tiene dificultad vadearlo, pero en la zona del final hay unas pozas donde te hundes hasta el pecho y el fondo es de un lodo que te deja los pies atrapados y no puedes salir si alguien no tira de ti, experimenté la angustiosa sensación de quedarme atrapado en una de estas pozas mientras explorábamos a pie el mejor sitio por donde pasar.

No haré una crónica detallada, dividiré el viaje en cinco bloques y hablaré un poco de cada uno:

-Preparación y traslado hasta Fez
-Los bosques de cedros
-Imilchil
-Catedral
-Regreso desde Marrakech

 

-Preparación del viaje y traslado hasta Fez:
La idea era ir desde Fez hasta Marrakech por el interior del Atlas, me dediqué en los meses previos a documentarme sobre toda esa zona de Marruecos, a leer crónicas de los que han viajado por allí en moto pero también, y estas casi me interesaban más, de los que hacen senderismo por el Atlas, fuí trazando con Google Earth cada etapa del viaje, y convirtiendo esas líneas en track para el gps, así a vista de pájaro, mirando las pistas, carreteras, caminos, gargantas, y enlazando pueblos, aldeas, por las zonas por donde me parecía más interesante podría ser el viaje, 2.000 km de track según Mapsource.
Se acercan en el calendario las fechas en las que el trabajo, y las circunstancias familiares me permiten viajar, las ganas de hacer el viaje, probablemente en solitario, se contraponen con las razones que desaconsejan un viaje de este tipo sin compañía. La experiencia de viajar en solitario te deja un poso de sensaciones muy especial, cuando no tienes nadie con quien hablar, ni otra moto por delante o por detrás de la que ir

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pendiente, todos los sentidos y pensamientos se concentran en los sitios por donde pasas, en la gente con quien te cruzas en los caminos o en los sitios donde paras a comer o dormir.

En la tarde previa preparo la mochila, poca cosa, me gusta viajar ligero de equipaje, y esa noche me acuesto para apenas dormir 4 o 5 horas, a las 5.30 de la mañana bajaba hacia Sevilla, la autovía está despejada, apenas hay coches, entre Castilleja y Camas me adelantan tres GS, cargados con pinta de ir de viaje, ¡que pequeña me parece en ese momento la Tricker!, sobre todo pensando que tenía por delante 3.000 km, me resulta estimulante encontrarme a esa hora con gente que al igual que yo parecía iniciar un viaje, los ví alejarse pensando que quizás coincidiese con ellos en Algeciras pero en Camas tomaron dirección Mérida.
Del resto del día hay poco que reseñar, amanece mientras se van sucediendo los km hasta Algeciras, travesía del estrecho y paso de la frontera con inesperada fluidez, y luego simplemente fui dejando pasar los km hasta Fez via Chechauen, disfrutando ya esa sensación de libertad de rodar sin compromisos, sin reservas, parando de cuando en cuando en alguna sombra para tomar un trago de agua,

 

mirar a lo lejos, en el campo, algún paisano afanado en las labores agrícolas, cuando me entró hambre el primer tajin del viaje, y sobre las 5 de la tarde estaba en Fez.

-Los Bosques de Cedros
Planifiqué esta etapa para ir desde Fez a Khenifra y de esta ciudad a Midelt, con el criterio de viajar por donde en el Google Earth, más espesos me parecían los bosques, pasé por los sitios más típicos y turísticos, Mischiffen, Sources l´Oum er Rbia, lago Azigza, y también por zonas apenas transitadas, donde más grandiosos aun me parecían estos árboles, todo el entorno es una joya natural, te sientes un privilegiado rodando km y km de pistas entre frondosos bosques, sin una alambrada, sin una cancela, sin un odioso cartel de parque natural con el logotipo de la comunidad autónoma de turno, y sin marcas de incendios forestales.

-Imilchil
Fuí a Imilchil por primera vez hace unos 20 años, entonces solo se accedía por estrechas pistas a lo que era una pequeña aldea, ya llega el asfalto, y está tomando entidad de pueblo, con numerosos alojamientos e incluso gasolinera.

 

De las posibles rutas a Imilchil decidí ir por el Circo de Jafar, esta pista, en la zona del circo, es una de las que están abandonadas, ya no pueden pasar coches, desaconsejable para motos pesadas o muy cargadas.
Muchos kilómetros antes de Imilchil se me hizo de noche, esto no estaba previsto, me sentí un poco perdido en medio de la noche, subiendo hacia un puerto la pista a la luz de la moto me parecía más estrecha y accidentada, pensaba que arriba ya vería a lo lejos las luces de algún pueblo, quizás Imilchil, pero al alcanzar el puerto solo veo la silueta de más montañas contra el cielo negro, ni una sola luz, inestimable en esos momentos el GPS, no solo porque mirando la pantalla podía ver que estaba en el buen camino, casi lo podía escuchar hablarme, “paciencia, en pocos km encontraras un sitio donde alojarte, ducha, cena, y el sueño reparador”.

-Catedral
Lo que llaman “la Catedral” y periferia, valle de Tassaout, valle de Anergui, las gargantas del rio Mellou, o las de rio Mgoun, posiblemente sea la zona del Atlas que por lo remota y lo difícil de su orografía, menos ha evolucionado. Se encuentran diseminadas en estos valles ,

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aldeas bereber de casas de adobe perfectamente mimetizadas con la montaña, al pie de las cuales, en la zona más llana del valle, se extienden campos dedicados a la agricultura de subsistencia, es la zona del Atlas más tradicional, hay momentos al transitar por estos valles, sobre un vehículo y haciendo uso de moderna tecnología, gps, cámara de fotos digital, que me sentía como un intruso.
Como ya he comentado al principio de la crónica, y podéis apreciar en las fotos, Asif Mellou, estos valles y gargantas, son los más difíciles de transitar, pero también los más emocionantes, y los que más bellos recuerdos me dejan de este viaje por el Atlas.

-Regreso desde Marrakech
Como final del viaje tenia pensado rodear el macizo del Toubkal, por la parte sur, desde Uarzazat hasta Marrakech, pero me quedaba sin días, y quería tomarme con calma el regreso, al menos un

 

margen de dos días, eran muchos km de asfalto hasta Sevilla para hacerlos con una 250, y lo peor, el calor, hasta Marrakech había rodado a una media de 2000 m de altitud según el gps, temperaturas agradables la mayor parte del día, incluso fresco al atardecer y por la noche, al llegar a Marrakech, mediodía, el calor es terrible. Legué machacado, bien entrada la noche a Rabat, hotel y parking en el bullicioso centro, ducha, cena y a dormir, al día siguiente al atardecer estaba entrando en Sevilla.
En esta etapa, la única incidencia mecánica de todo el viaje, cerca de Rabat, una de las veces que fuí a cambiar, no había palanca, mientras me paraba a un lado de la carretera, pensaba como me las arreglaría para salir de cada semáforo en 5ª, afortunadamente la palanca de la Tricker no va directa al eje sino que tiene una articulación, se había quedado colgando de la articulación.

 

Algunos detalles prácticos:

Finales de Julio del 2009. Han sido 7 días de viaje en solitario, menos los 40 km en compañía de los tres franceses con los que coincidí en la “Guite d´etape” de Anergui, en total 3200 km.

Hasta 180 km he llegado hacer con un deposito (unos 5,5 l de gasolina) por las pistas del Atlas, además llevaba un bidón de 5 l al que sólo tuve que recurrir una vez, donde se supone que si había gasolinera, un pueblo grande, cerca de Uarzazate, con dos gasolineras, en las dos estaba agotada la super. Solo pueblos grandes como Imilchil (en este tampoco había gasolina en dia que pasé yo) o Demnate tienen gasolinera, pero es frecuente encontrar en las aldeas, alguno que la vende de garrafa, un 50% más cara que en la gasolinera.

Alojamiento en las “Guite d´etape”, cena, cama, ducha, y desayuno, de 12 a 14 €.